Qué ropa llevar a una sesión de fotos (y qué evitar)

Es la pregunta que más me hacen. Siempre llega por WhatsApp, casi siempre de noche, casi siempre unos días antes: «Jon, ¿qué nos ponemos?»

La entiendo perfectamente. Hay pocas decisiones tan absurdamente estresantes como elegir la ropa que va a llevar tu familia en unas fotos que vais a mirar dentro de veinte años.

Así que este artículo es para quitaros ese peso de encima. No para añadiros uno nuevo.

Un aviso antes de empezar: yo no trabajo en estudio. Fotografío a las familias en su casa, en el parque de abajo, en el campo que hay a diez minutos. Es una decisión, no una carencia, y la explico con detalle en por qué no trabajo en estudio. Eso cambia bastante las reglas del vestuario: no hay fondo neutro que lo perdone todo, pero tampoco hace falta que vayáis disfrazados de familia de catálogo.

La única regla que importa de verdad

Si os quedáis solo con una frase, que sea esta: la ropa no debe llamar más la atención que vosotros.

Ya está. Todo lo demás son matices de esta idea.

Cuando dentro de quince años abráis esas fotos, no vais a mirar la camisa. Vais a mirar la cara de vuestro hijo, las manos, cómo os mirabais. La ropa solo tiene un trabajo: no estorbar.

Y el segundo criterio, casi igual de importante: que podáis moveros. En mis sesiones las prisas están prohibidas, pero el movimiento no. Vais a sentaros en el suelo, a coger en brazos, a agacharos. Si alguien va tieso porque los vaqueros aprietan o el vestido pica, se nota. Se nota siempre.

Colores que funcionan (y por qué)

Tonos apagados y neutros

Funcionan los colores que han pasado por un filtro de polvo: crudo, beige, arena, gris topo, verde oliva, tierra, azul grisáceo, mostaza suave, burdeos apagado.

¿Por qué? Porque no rebotan color sobre la piel. Una camiseta verde flúor tiñe de verde el cuello y la barbilla de quien la lleva y, si le coge un brazo a su hijo, también al niño. Eso en una foto se ve, y no se arregla fácilmente.

Además, los tonos apagados envejecen bien. Dentro de diez años seguirán pareciendo ropa. Un estampado muy de temporada parecerá una fecha.

Un toque de color, sí

Que todo sea neutro no significa que todo sea sepia. Un jersey mostaza, un vestido azul noche, unos calcetines rojos de un niño de dos años: perfecto. El color puntual da vida. El problema es cuando compiten cuatro colores saturados a la vez.

Sobre el negro y el blanco

Aquí voy a contradecir un consejo que circula mucho.

El negro no está prohibido. En casa, con luz de ventana, un jersey negro puede quedar precioso y muy elegante. Lo que hace el negro es comerse el detalle: pierdes la textura del tejido y, si la luz es dura, se convierte en una mancha. En exterior a pleno sol, yo lo evitaría.

El blanco tiene el problema contrario: refleja mucho y atrae la vista antes que la cara. Un blanco roto o un crudo suele funcionar mejor que un blanco óptico. Y tres personas de blanco impoluto en un parque de Alcalá en julio duran, con suerte, once minutos.

Qué evitar

Logos, marcas y personajes

Es lo primero que quitaría. Un logo grande en el pecho se convierte en el centro de la foto y, además, la fecha: dentro de doce años esa camiseta contará una historia que no es la vuestra.

Con los niños entiendo que hay batallas que no merece la pena librar. Si tu hija solo quiere ponerse la camiseta de su personaje favorito, que se la ponga. En una sesión documental eso también es verdad sobre quién era ella en ese momento. Pero mete una alternativa en la bolsa.

Rayas finas y cuadros diminutos

Los patrones muy pequeños y repetidos pueden generar un efecto de vibración (moiré) al fotografiarse. No siempre pasa, pero cuando pasa, no tiene arreglo. Rayas anchas sí. Rayas de camisa de oficina, mejor no.

Estampados que gritan

Uno por familia, como mucho, y a poder ser en la persona que menos peso tenga en la foto. Si la madre lleva un vestido floreado enorme y el padre una camisa de palmeras, la foto va de la ropa.

Ropa nueva sin estrenar

Este es honesto y no lo dice casi nadie: no compréis ropa nueva para la sesión. O si la compráis, estrenadla antes.

La ropa nueva pica, tiene las marcas del doblez, cuelga raro y el niño se pasa la sesión tirándose del cuello. La ropa que ya tenéis y que os gusta, esa es la buena. Además, es la ropa con la que de verdad vivís, y eso es exactamente lo que estamos fotografiando.

Detalles pequeños que se ven mucho

  • Etiquetas colgando (pasa más de lo que parece).

  • Coleteros en la muñeca. Se ven en todas las fotos.

  • Gafas de sol en la cabeza.

  • Ropa interior que asoma por el escote o por la espalda.

  • Manchas de desayuno. Miradlos antes de salir de casa. A los dos minutos ya no hay nada que hacer.

Cómo coordinar a varias personas sin parecer un uniforme

El consejo de «id todos de blanco y vaqueros» es de un catálogo de hace quince años. Funciona, sí. También hace que todas las familias del mundo tengan la misma foto.

Lo que yo hago es más sencillo: elegid una paleta de tres o cuatro tonos y repartidlos. No los repitáis idénticos.

Un ejemplo concreto. Paleta: crudo, verde oliva, tierra y azul vaquero.

  • Madre: vestido verde oliva.

  • Padre: camisa crudo y pantalón azul.

  • Niño mayor: jersey tierra.

  • Bebé: body crudo.

Nadie va igual que nadie, pero todo pertenece a la misma familia de colores. Eso es lo que hace que la foto se vea armónica sin parecer una obra de teatro escolar.

Truco práctico: colocad toda la ropa junta encima de la cama la noche anterior y miradla desde la puerta. Si algo salta, ya sabéis qué es.

Y un último apunte: mezclad texturas. Punto, lino, algodón, lana. Da profundidad a una paleta neutra y evita que se vea plana.

En casa o en exterior: no es lo mismo

En casa la ropa puede ser más informal y más vuestra. Camisetas suaves, jerséis, pies descalzos, el pijama bueno si la sesión es de mañana con un recién nacido. Lo que sí conviene mirar es el fondo: si vuestro sofá es gris oscuro y todos vais de gris oscuro, desaparecéis. Mirad los colores de vuestra casa antes de decidir.

En exterior manda el sitio y la luz. Los campos de la vega del Henares o el entorno del río en Alcalá y en Torrejón tienen mucho verde y mucho dorado según la época. Los tonos tierra y crudo funcionan siempre ahí. Los verdes muy vivos, en cambio, se pelean con el fondo.

Y algo que suena obvio y se olvida: en exterior hay viento, hay hierba, hay barro. Vestido largo de gasa y campo abierto son buena combinación estética y mala combinación práctica si hay una niña de tres años que corre. Elegid sabiendo eso.

Adaptar la ropa a la estación

Aquí somos de interior, y se nota. En Alcalá y Torrejón el verano aprieta de verdad y el invierno tiene mañanas de dos grados.

Verano. Tejidos ligeros y naturales: lino, algodón, muselina. Nada de sintéticos, que no transpiran y marcan el sudor. Y las sesiones de exterior, a primera hora o a última. Ir a las cinco de la tarde de julio no es una cuestión de ropa, es una cuestión de supervivencia.

Invierno. Capas. Un jersey bueno, un abrigo que os guste de verdad, bufandas. Los abrigos técnicos de montaña abrigan mucho y fotografían mal; si podéis, el de lana. Para los niños, manopla y gorro: dan mucho juego y además evitan que la sesión se acabe a los diez minutos.

Primavera y otoño. La mejor época y la más fácil. Una capa fina de más y listo.

El calzado

El calzado sale en más fotos de las que la gente imagina, sobre todo cuando os sentáis o cuando cojo a los niños desde abajo.

En casa: descalzos o calcetines lisos. Los calcetines de dibujos de la guardería llaman muchísimo la atención.

En exterior: zapatillas sencillas, botas, sandalias de piel. Evitad las zapatillas deportivas muy voluminosas o de colores fluorescentes, que se llevan la vista de la foto entera.

Y por favor, zapatos con los que se pueda andar por hierba. He visto a más de una madre cruzar un campo de rastrojo en sandalia de tacón por quedar bien en la foto. No hace falta. La foto sale mejor si podéis caminar tranquilos.

Por tipo de sesión

Embarazo

Aquí la ropa sí tiene un papel más claro: queremos que se vea la barriga, no que se adivine.

Funcionan muy bien los vestidos ajustados de punto o los tejidos fluidos que marcan la silueta. También, y me gusta especialmente, la ropa de casa: una camiseta de tirantes y unos pantalones de pijama, con la pareja detrás. Es menos «sesión» y más vida real.

Lo que no funciona: ropa premamá muy holgada, que convierte la barriga en un bulto indefinido.

Si vais a hacer una sesión de embarazo, traed dos opciones: una más arreglada y una más de casa. Casi siempre acaban gustando más las segundas.

Recién nacido

Menos es todo. Un body liso, una muselina, una manta de punto en tono neutro y el bebé.

Los conjuntos con volantes, lazos y diademas grandes se llevan la atención de lo que de verdad importa, que son sus manos, sus pies y su cara arrugada de tres semanas. Eso no vuelve.

Para vosotros, los padres: ropa cómoda y de tonos suaves, porque vais a estar en pijama medio día y porque la sesión de recién nacido se hace en vuestra casa, al ritmo del bebé y no al mío. Camisetas lisas, jerséis, nada que pique al apoyar al bebé encima.

Y avisad si hay hermanos mayores: ellos suelen ser la mejor parte de la sesión, y conviene que vayan cómodos para poder subirse a la cama.

Familia

La sesión más fácil de vestir y la que más se complica sola.

Ropa que uséis, paleta común, capas y repuesto. Nada más. Si hay una sesión de familia en el parque, dad por hecho que alguien acabará en el suelo, y vestid en consecuencia.

Un apunte para los padres que siempre están detrás de la cámara: vestíos vosotros también. Es muy habitual que la madre organice la ropa de todos y se ponga lo primero que encuentra. Luego se arrepiente al ver las fotos.

Bautizos y comuniones

Aquí no elegís tanto: hay un traje, hay un vestido y hay una familia entera con sus propios criterios.

Lo que sí podéis controlar es lo demás. Tres consejos concretos:

  • El niño o la niña, cómodo por debajo. Camiseta interior suave, zapatos ya usados. Un traje que pica arruina el día entero y se ve en la cara en todas las fotos.

  • Un cambio de ropa para después. La mejor parte de un bautizo o una comunión suele pasar cuando ya se ha acabado la parte solemne. Si puede correr, corre.

  • Mirad a los padrinos y abuelos. Nadie les dice nada nunca y salen en todas las fotos de grupo.

En una sesión de bautizo o comunión mi trabajo es estar por detrás del día, no organizarlo. Cuanto menos tengáis que pensar en la ropa, mejor me sale a mí el trabajo.

La bolsa de repuesto (si hay niños pequeños)

Esto no es opcional. Es la diferencia entre una sesión que sigue y una sesión que se acaba.

  • Una camiseta o body de repuesto por niño, del mismo tono que el original.

  • Toallitas. Muchas.

  • Un cambio completo si el niño tiene menos de tres años.

  • Agua y un tentempié que no manche: pan, fruta pelada, galleta sencilla. Nada de chocolate, tomate ni nada naranja.

  • Un peine, si os importa el pelo. Aunque el pelo revuelto de un niño de cuatro años es, honestamente, mejor que el peinado.

  • Un juguete pequeño, el de siempre. No uno nuevo.

Y una cosa más, para vosotros: venid habiendo comido. Suena a consejo de madre, pero he visto más sesiones torcerse por hambre que por ropa.

Lo que de verdad va a pasar

Vais a pensar mucho en la ropa. Es normal, y este artículo existe para que ese rato os cunda.

Pero luego llegará la sesión, y a los quince minutos ya nadie se acordará de qué se ha puesto. Y esas serán las buenas fotos.

Yo os digo dónde sentaros, si hay luz por un lado o por otro, si merece la pena salir al balcón. No os digo cómo tenéis que estar. La ropa es solo lo que hace que eso sea más fácil.

Al final, dentro de veinte años, no vais a decir «qué bien elegimos aquella camisa». Vais a decir «qué pequeños eran».

Si estáis dándole vueltas a una sesión y tenéis dudas —de vestuario, de sitio, de fecha o de cualquier otra cosa—, escribidme y lo hablamos. Sin compromiso y sin prisa. Como todo lo demás.

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¿Cuándo es el mejor momento del embarazo para hacer las fotos?